Hola a todos. Soy Curro.Me gustaría hablar de cómo me ayudó y me ayuda la oración de la serenidad.
Bueno, al principio, me limitaba a recitarla sin más, sin darme realmente cuenta de lo que había detrás de estas palabras.
Dejé la oración en mi más tierna infancia y la retomé cuando dejé de beber.
Fue el miedo el que me hizo rezar. Cuando me levantaba y sentía miedo ante el día que amanecía, decía la oración de la serenidad, y como que me disponía a aceptar lo que el día me ofreciera, incluso la posibilidad de una recaída.
Cuando pasó algún tiempo, el miedo fue desapareciendo; sin embargo, no dejé de orar. Lo que ocurrió fue que mi oración evolucionó con mi recuperación. Hay un dicho que explica muy bien lo que quiero decir: "en occidente con la oración parece que le decimos a Dios lo que tiene que hacer; mientras que en oriente uno escucha lo que Dios nos tiene que decir". Esto me llevó a la oración del silencio, que ya he referido en alguna ocasión.
Pero la oración de la serenidad me está enseñando a situarme ante los hechos de la vida, o ante la vida misma. Es como una actitud de aceptación de todo lo que llame a mi puerta, sea lo que sea. El otro día estaba triste, y una amiga me decía qué me pasaba. Le dije que no lo sabía, pero que no quería quitarme la tristeza. Me había levantado así (seguramente por algún sueño que tuve), y que a pesar de la tristeza, de la que no me quería separar, tenía paz. Si hubiera querido quitarme la tristeza, no lo hubiera conseguido y además hubiera perdido la paz. No quería oponer resistencia a la tristeza.
Esto me recordaba cuando bebía, que tenía que beber para dar una imagen positiva, no aparecer triste, ansioso, enfadado, etc., porque no había aprendido a tener todos los llamados sentimientos negativos. Como comprenderéis una persona así no puede tener autoestima, porque el alcohol es un represor de emociones, que no quiere decir que las haga desaparecer, sino que las oculta y uno se encuentra enajenado de sus propios sentimientos, uno no se conoce a sí mismo; y lo que es más grave, acaba teniendo problemas de identidad.
En realidad, uno no puede aceptar lo que es, lo que venga, porque la aceptación, tal como yo la veo, es un efecto secundario de la No-Resistencia a lo que es. Cuando uno no opone resistencia a lo que es, el sufrimiento cesa en el acto. Lo que ocurre es que esa resistencia es inconsciente, y entonces el primer paso es darse cuenta de que uno le está oponiendo resistencia al hecho. Lo que no deja de ser una locura, porque los hechos ya son, no es algo que uno pueda evitar. Cuando uno pone la mano en una corriente de agua, la corriente se hace sentir, pero si uno fluye con el agua la corriente es la misma, pero ya no hay el dolor de la resistencia.
Por supuesto que lo que pueda cambiar lo cambiaré; pero si me choco una y otra vez contra una pared, quiere decir que hay algo que falla; y es que seguramente me está faltando la sabiduría del discernimiento.
Creo, por último, que vivir la oración de la serenidad exige que previamente uno haya acabado con el pasado y, por tanto, con el futuro. Vivir el presente significa que uno no ve, ni sabe lo que va a ocurrir. Esto lo damos por sabido pero la mente no se lo cree y actúa como si supiera lo que va a ocurrir. Vivir el presente es como el que está en una noche oscura y tiene una linterna que sólo alumbra el paso que en este momento está dando. Vivir así -además de una aventura- es poner la vida al cuidado de Dios.
Un abrazo. Q.

