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domingo 20 de abril de 2008

Algo sobre la Oración de la Serenidad

Hola a todos. Soy Curro.

Me gustaría hablar de cómo me ayudó y me ayuda la oración de la serenidad.

Bueno, al principio, me limitaba a recitarla sin más, sin darme realmente cuenta de lo que había detrás de estas palabras.

Dejé la oración en mi más tierna infancia y la retomé cuando dejé de beber.

Fue el miedo el que me hizo rezar. Cuando me levantaba y sentía miedo ante el día que amanecía, decía la oración de la serenidad, y como que me disponía a aceptar lo que el día me ofreciera, incluso la posibilidad de una recaída.

Cuando pasó algún tiempo, el miedo fue desapareciendo; sin embargo, no dejé de orar. Lo que ocurrió fue que mi oración evolucionó con mi recuperación. Hay un dicho que explica muy bien lo que quiero decir: "en occidente con la oración parece que le decimos a Dios lo que tiene que hacer; mientras que en oriente uno escucha lo que Dios nos tiene que decir". Esto me llevó a la oración del silencio, que ya he referido en alguna ocasión.

Pero la oración de la serenidad me está enseñando a situarme ante los hechos de la vida, o ante la vida misma. Es como una actitud de aceptación de todo lo que llame a mi puerta, sea lo que sea. El otro día estaba triste, y una amiga me decía qué me pasaba. Le dije que no lo sabía, pero que no quería quitarme la tristeza. Me había levantado así (seguramente por algún sueño que tuve), y que a pesar de la tristeza, de la que no me quería separar, tenía paz. Si hubiera querido quitarme la tristeza, no lo hubiera conseguido y además hubiera perdido la paz. No quería oponer resistencia a la tristeza.

Esto me recordaba cuando bebía, que tenía que beber para dar una imagen positiva, no aparecer triste, ansioso, enfadado, etc., porque no había aprendido a tener todos los llamados sentimientos negativos. Como comprenderéis una persona así no puede tener autoestima, porque el alcohol es un represor de emociones, que no quiere decir que las haga desaparecer, sino que las oculta y uno se encuentra enajenado de sus propios sentimientos, uno no se conoce a sí mismo; y lo que es más grave, acaba teniendo problemas de identidad.

En realidad, uno no puede aceptar lo que es, lo que venga, porque la aceptación, tal como yo la veo, es un efecto secundario de la No-Resistencia a lo que es. Cuando uno no opone resistencia a lo que es, el sufrimiento cesa en el acto. Lo que ocurre es que esa resistencia es inconsciente, y entonces el primer paso es darse cuenta de que uno le está oponiendo resistencia al hecho. Lo que no deja de ser una locura, porque los hechos ya son, no es algo que uno pueda evitar. Cuando uno pone la mano en una corriente de agua, la corriente se hace sentir, pero si uno fluye con el agua la corriente es la misma, pero ya no hay el dolor de la resistencia.

Por supuesto que lo que pueda cambiar lo cambiaré; pero si me choco una y otra vez contra una pared, quiere decir que hay algo que falla; y es que seguramente me está faltando la sabiduría del discernimiento.

Creo, por último, que vivir la oración de la serenidad exige que previamente uno haya acabado con el pasado y, por tanto, con el futuro. Vivir el presente significa que uno no ve, ni sabe lo que va a ocurrir. Esto lo damos por sabido pero la mente no se lo cree y actúa como si supiera lo que va a ocurrir. Vivir el presente es como el que está en una noche oscura y tiene una linterna que sólo alumbra el paso que en este momento está dando. Vivir así -además de una aventura- es poner la vida al cuidado de Dios.

Un abrazo. Q.

sábado 1 de marzo de 2008

De Curro

Hola a todos. Me llamo Curro y soy alcohólico.

Para mí (y sólo para mí) la génesis de mi problema psicológico la encontré cuando hice mi inventario; y es que cuando tenía 5 ó 6 años mi madre me abandonó. No es que lo hiciera físicamente, pero me amenazaba con dejarme solo si no obedecía o no era bueno etc; incluso llegó a amenazarme con tirarse al tren. Como comprenderán un niño es incapaz de traducir esa situación.

¿Qué ocurrió entonces? Se acabó mi desarrollo psicológico; a partir de ahí apareció el miedo espantoso a la vida y la inseguridad inherente al miedo. Toda mi voluntad, todo mi deseo, toda mi intención era retener a mi madre, evitar que ella me abandonara, para lo cual estaba dispuesto a hacer lo que fuera.

El crecimiento psicológico sano de un niño implica que este vaya rompiendo los "cordones umbilicales" sucesivos, no sólo el que le une a la madre, también cuando es destetado, cuando empieza a comer solo, cuando empieza a vestirse solo, cuando empieza a ir al colegio etc; toda esta independencia de la madre exige que el niño tenga seguridad para dar esos saltos psicológicos.

Por supuesto mi desarrollo psíquico y emocional se detuvo ahí, y empezó una relación de amor-odio hacia mi madre que ha durado muchos, muchísimos años. Esto se hace inconsciente y entonces en la superficie sólo aparece el sentimiento de culpabilidad y el sentimiento de indignidad, pues el niño cree que si no es querido es porque él no es digno de ser amado.

Esto genera un sufrimiento espantoso, una carga tremenda; y así, antes de los 14 años ya había sido expulsado de tres colegios, como comprenderán estaba llamando la atención de que requería ayuda, pero cuando yo tenía esa edad había aún más ignorancia que hoy. Y entonces se produjo "el milagro", probé el alcohol y me dije para mí mismo que mis problemas se habían acabado. Porque el alcohol tiene el efecto inmediato de viva la vida, quiero a todo el mundo, lo que me liberaba de verme a mí mismo odiando a mi madre y a todo el mundo.

Este sentimiento de inferioridad y de indignidad, me hizo ser una persona sumamente dependiente, y me hizo ser un adicto a la adulación de tal manera que si alguien me decía que yo valía, me enganchaba a esa persona, con lo cual corría el riesgo de ser manipulado, como en efecto así fue.

Poco después conocí las anfetaminas y quedé enganchado "ipso facto". Entonces se tomaban para estudiar, y es verdad que me permitieron estudiar una carrera universitaria, cosa impensable porque yo no tenía capacidad de concentración ni voluntad alguna. Pero claro, las anfetaminas es la locura misma. Tuve la precaución de no mezclarla con alcohol, pero eso sólo fue al principio, luego las mezclaba, y esos días la borrachera era una locura total.

Estuve diez años enganchado a las anfetaminas, entonces continué con el alcohol para afrontar el miedo a la vida. Me casé y tuve tres hijos, con lo cual el miedo aumentó por la responsabilidad que ello suponía, pero en el fondo sabía que no podía dar una respuesta madura ante la vida, no porque bebiera, sino porque de alguna manera sabía que en mí había un problema que me impedía ser un hombre maduro.

Pero antes de ser descubierto como un hombre inmaduro y de poca valía me fui entregando aún más al alcohol con la esperanza de que algún día me destruyera y no sufrir la vergüenza ante mis hijos y allegados de ser un hombre incapaz de conseguir las metas que los hombres de mi entorno conseguían. Esto hizo que me enganchara también al hachís durante varios años, aunque antes de dejar de beber ya lo había dejado con lo cual solamente tuve que afrontar dejar el alcohol.

¿Por qué dejé el alcohol? Por miedo, empecé a beber por miedo y dejé de beber por miedo. Y fijaros qué "casualidad"; empecé a beber por miedo a que mi madre me abandonara, y dejé de beber por miedo a que me abandonara mi mujer, que fue la que sustituyó a mi madre en la dependencia etc.

Y, con todo esto, que es sufrimiento puro, uno tenía que hacer ver a los demás que era "un viva la pepa", un "juerguista" , etc, cuando en realidad lo que había debajo era un pobre hombre que quería ser destruido por el alcohol ante su incapacidad de enfrentarse a la vida.

Hasta pronto. Q.

viernes 14 de septiembre de 2007

De Johnny

Hola, mi nombre es Johnny, soy Alcohólico Anónimo, escribo esto con el propósito de ayudar a quien lo necesite.

Empecé a ingerir alcohol a los 18 años ¡de manera controlada decía yo!, una vez a la semana no era problema porque todos lo hacían y es normal en la sociedad. De repente, sin que me diera cuenta, ya lo estaba haciendo 2 y 3 por semana, por lo tanto llegaron los problemas en casa, a causa de esos problemas decidí mejor quedarme en casa de mis amigos, no quería que nadie me molestara, porque en realidad, con alcohol lo pasaba muy divertido e hice muchos amigos de toda clase social pero me fui poco a poco haciendo una dependencia, ya no podía dejar de tomar.

A los 26 años empecé a esconder por donde quiera de la casa alcohol, entendí que yo estaba enfermo y necesitaba ayuda porque solo no pude, hice varios intentos y todos fallé, en A.A. me dieron esa oportunidad que buscaba, entendí que solo una persona que haya pasado por los mismos pasos del alcohol me podía ayudar y aquí estoy sin beber ya buen tiempo y feliz porque no necesito de una sola gota de alcohol para ser feliz.

Gracias por permitirme escribir, hoy no he consumido.

martes 11 de septiembre de 2007

Soy alcohólica

De alguna forma lo sabía cuando bebía alcohol de forma incontrolada. Pero el primer trago siempre me convencía de que no pasaba nada y me podía tomar uno más. El resultado siempre fue el mismo. Un desastre.

Es una palabra que suena como una bomba en cualquier conversación. Pero yo la digo casi a diario cuando comparto en los grupos de Alcohólicos Anónimos.

Es el nombre de una enfermedad. Yo no elegí esta enfermedad, las enfermedades no se eligen. De manera que no puedo evitar tenerla. Pero sí puedo tratar de ponerle remedio no tomándome la primera copa y asistiendo a las reuniones.

No estoy contenta de ser alcohólica, pero sí de saber que lo soy. Cuando no lo sabía sufría mucho. Saberlo y aceptarlo me ha traído una paz y una forma de vida que no me había imaginado antes.

Pedir ayuda es como tirarse a una piscina. Puedes estar siglos pensándolo, preguntándote qué pasará, imaginando lo fría que está el agua y pasando calor en la orilla. Pero cuando por fin lo haces sientes la agradable sensación de la liberación y la limpieza. Y no pasa nada. Pasa que te encuentras con muchas personas que dicen tener tu mismo problema. A partir de ahí todo va a mejor. Sólo puede ir a mejor, teniendo en cuenta el caos del que he salido.

Para todos los alcohólicos, con mis mejores deseos de recuperación.
Rosa

De Norma

Hola, mi nombre es Norma y soy alcohólica.

Llegué a la comunidad de AA sin saber lo que era Alcohólicos Anónimos, pero ya no podía más con mi vida.

Cuando entré en mi grupo madre el 20 de mayo de 1986, lo hice con mucha vergüenza, mi hija una chiquilina de 12 o 13 años, en ese entonces, me encontró tomando de la botella, en el patiecito de mi casa. En ese momento yo tenia un hijo de 15, mi hija y un bebé de 1 año y medio. Ya mezclaba pastillas con alcohol y el consumo hizo que mi vida fuera totalmente ingobernable.

No podía más con mi vida, no podía más de desesperación por no poder dejar, no sabia que el alcoholismo es una enfermedad, tampoco sabía que era la primera que me hacía mal. Sí pensaba que era una viciosa, que era una mala persona, y cuando llegué al grupo me dijeron que el alcoholismo es una enfermedad, que no era culpable, pero que si quería dejar de tomar estaba en el lugar indicado.

Me dieron 3 herramientas:

—No a la primera (si no tomo la primera, no hay segunda, no hay borrachera).
—Por 24 horas (por un día, cualquier borracha como yo, podía estar un día sin tomar).
—Concurrencia al grupo (el grupo me dio la contención que necesitaba, el apoyo y me dijeron que se podía).

Y se podía, era verdad, no me mintieron.

Los primeros días, desesperada por tomar (tenía ganas de tomar, no quería tomar leche), lo hacia por media hora... ponía el despertador por media hora y a la media hora lo volvía a poner, así fueron mis primeras 24 horas.

Compañer@s si hay alguien sufriendo, que quiera dejar de sufrir, que quiera conocer una vida sin alcohol, de cabeza levantada y mirada de frente, parados en sus pies... yo los invito que se unan a AA.

Yo encontré la paz, encontré la contención, y mi casa que era un manicomio, ahora es un hogar.

Se me terminaron las sacadas de botellas vacías, de conseguir para las llenas... se me terminaron las amnesias, no me hago más pis en la cama, hoy sé quien soy, y adonde quiero ir, hoy puedo ser madre y ahora abuela, hoy no tengo vergüenza de mí, hoy conozco a Norma.

Contenta de haber compartido con Uds., espero que mi pequeña colaboración sirva para que alguien se agarre de esta cadena humana que es AA

Felices 24 horas a todos,
Norma

domingo 9 de septiembre de 2007

De Silvia F.

Mi nombre es Silvia F. soy alcohólica en recuperación y les doy la bienvenida a este blog.

Mi historia con el alcohol comenzó en mi adolescencia, cada vez que salía a bailar mi ingesta de alcohol era importante, recuerdo que lograba con él perder mi timidez y sentirme mas segura de mí misma. Como recién comenzaba mi consumo mi recuperación física era rápida, estuve así durante varios años sin ningún problema visible.

Después de este periodo debido al tipo de trabajo que tenía en ese momento dejé de tomar alcohol de un día para el otro sin ningún tipo de dificultad para abandonarlo.

Estuve así varios años en abstinencia.

Cuando contaba con 26 años comencé a tomar nuevamente en forma muy pausada y tranquila solo una o dos veces por semana en las cuales me ponía a tono con el alcohol pero sin llegar al extremo de estar borracha, permanecí así durante un par de años hasta que empecé a utilizarlo más seguido y en mayor cantidad, llegó un momento que mi consumo era diario, como yo lo llamaba en ese momento era el alcohol mi amigo perfecto, me aceptaba y no recibía ninguna crítica de él, es más, me vanagloriaba a mí misma por mi resistencia con el alcohol.

No sé en que momento fue pero un día me encontré que lo primero que hacía al levantarme era tomar un trago y lo último que hacía antes de acostarme era también tomarme un trago. Yo ya estaba sumergida en ese punto en una caída libre desde un acantilado.

Durante todo ese tiempo no tan solo me destruía físicamente y emocionalmente a mí misma sino que además destruí a todo mi entorno, en mi caso no perdí ningún bien material pero debido al gran sufrimiento y fastidio que le generaba a la gente, todos me abandonaron, me quedé sola. O mejor dicho, me quedé sola con el alcohol. Y ahí sí entre en un camino sin retorno. En ese camino conocí otras drogas a las cuales también me aferré, gracias a mi alcoholismo tengo una enfermedad incurable, crónica y creo yo, lo mas grave de todo, es que gracias a mis borracheras perdí lo mas apreciado que me dio la vida y es que me "Perdí a mí misma".

Yo estaba segura que mi vida iba a terminar así: tirada en un hospital por mi enfermedad, loca por la gran ingesta de alcohol o muerta también por mi consumo.

Un día conocí a alguien que me habló de A.A., me contó que hacía 2 años que iba a las reuniones y que si bien él seguía consumiendo allí había conocido a gente que había podido parar y me invitó a ir, y yo fui porque realmente no sabía decir que no, cuando entré a una reunión me sorprendió mucho que nadie me pidiera nada, que contaban cosas de sus vidas con las cuales yo me sentía identificada por completo y sobretodo me llamó mucho la atención que esa gente reía (yo hacia tanto tiempo que había dejado de reír) mis únicas risas en los últimos años eran las de las primeras 3 copas. Que decidí volver.

Hoy mi vida cambió, dio un vuelco de 180 grados, estoy en abstinencia, soy feliz, no estoy más sola, recuperé mis afectos y lo más importante me encontré, "encontré a Silvia".

Tengo para compartir con Uds.: Gracias a los grupos de A.A., al programa y a mis compañeros, 12 años, 6 meses y 4 días limpios de todo tipo de sustancias que alteren mi mente.

Solo tengo agradecimiento al Programa de Alcohólicos Anónimos, Gracias por permitirme compartir mi experiencia.

miércoles 5 de septiembre de 2007

De Juan Carlos

Mi testimonio.

Doy testimonio que desde el 17 de diciembre de 1990, no he vuelto a probar una sola gota de alcohol o cualquier otro producto que lo pudiera contener. Todo se consigue acatando como órdenes las sugerencias del programa.

Un fuerte Abrazo
Solo por hoy no bebo.

JUAN CARLOS

Enunciado de A.A.

Alcohólicos Anónimos A.A. es una comunidad de hombres y mujeres que comparten su mutua experiencia, fortaleza y esperanza para resolver su problema común y ayudar a otros a recuperarse del alcoholismo.

El único requisito para ser miembro de A.A. es el deseo de dejar la bebida.

Para ser miembro de A.A. no se pagan honorarios ni cuotas; nos mantenemos con nuestras propias contribuciones.

A.A. no está afiliada a ninguna secta, religión, partido político, organización o institución alguna; no desea intervenir en controversias, no respalda ni se opone a ninguna causa.

Nuestro objetivo primordial es mantenernos sobrios y ayudar a otros alcohólicos a alcanzar el estado de sobriedad.

Al-anon / Alateen

Para los familiares o amigos de enfermos alcohólicos será de interés visitar la página web de Al-Anon/Alateen http://www.al-anon.alateen.org
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